lunes, 11 de octubre de 2010

Delicioso



“Ya no me ama” fueron las últimas palabras que la mujer dijo, Delicio estaba seguro de lo que le decía a los policías, de lo que no estaba seguro era porque no podía parar de mirarla.
Delicio nació sordo del oído izquierdo y parcialmente del derecho, defecto el cual transformó en una ventaja. Cuando niño no escuchaba los regaños de su madre, ni las burlas de sus compañeros, pero sabía todos los chismes que rondaban a su alrededor, pues era capaz de leer cada palabra que salía de la boca de sus compañeros y por más rápido que estos intentasen hablar, jamás lo despistaban. Con los años, sus más cercanos aprendieron sus mañas y al comentar temas “sabrosones”, como decía Delicio, se tapaban la boca con bufandas, tos simulada o directamente con la mano. Por esto, cada vez sabía menos chismes, sintiendo como la rutina del trabajo lo aburría. Pero la solución fue más fácil de lo que esperaba: el paradero, el metro, la fila del banco, la micro, el regreso a casa y el almacén eran una gran fuente de de chismes ya que, si ponía atención, podía leer cada palabra de cualquiera que se acercase a cinco metros, convirtiendo sus paseos en una rutina sagrada. Una tarde Delicio recorrió más allá de su barrio buscando buenos chismes. Su paseo se extendió hasta que los árboles se volvieron negros y los faroles se encendieron: “Una tarde muy productiva”, pensó después de escuchar más de veinte historias, pero quería escuchar una más. Fue entonces cuando, del otro lado de la plaza, una mujer llamó su atención: era hermosa, de tez blanca y marcada con rimmel, como si llorase alquitrán, y el pelo muy enmarañado. La mujer de mirada perdida repetía algo que él no lograba leer, así que se acercó disimuladamente para entender mejor. “Ya no me ama”, leyó justo antes que la mujer sacara un brillante revolver de su cartera y se volara los sesos. Toda la gravilla se lleno de charcos y gotitas brillantes que titilaban a la luz de los faroles y carros policiales. Nunca antes Delicio había visto tantos colores, “será el chisme más sabroso de la semana”, pensó.




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