Por las noches mis ojos ya no son los mismos. Cuando todos duermen, veo como ellos aparecen, soy muy sensible a su presencia. Y así me paseo sigilosamente por el comedor, ¡me gusta explorar el tacto!, cada olor y forma, todo es registrado. Este don no es muy común y debo estar atento, mientras descansan no sospechan que estoy alerta. Esa es la gran responsabilidad de ser él más capacitado para enfrentárseles. Solo de una cosa estoy seguro, de que no me iré sin antes llevarme a uno de ellos conmigo. Y como siempre, sigo el aroma de la cena de anoche hasta llegar a la cocina, la luz de la luna hace brillar mis fieles dagas, pálidas y frías como mis pies descalzos. El otro día uno de ellos casi me sorprende. Se respiraba el perfume del aromo en flor del patio cuando, por el pasillo que conduce al baño, uno de esos repulsivos apareció, gracias a que ya soy capaz de asimilar la luz de la luna pude reaccionar de forma instantánea buscando el mejor escondite, eso es lo bueno, ¡a esta hora son tan torpes!. Yo pensé que no volverían. Cuando era niño armaba un bulto en mi cama para simular que dormía y me escondía bajo la cama, aferrado a mi espada, expectante. Claro, antes mis rondas eran distintas, y se dirigían directamente a la pieza de mis padres, ahí las luces espantaban todo mal, ellos lo sabían y sin palabras me alzaban en sus brazos dejando caer a mi brillante compañera. Decían que no me preocupara, que esto pasaría y al cabo de unos meses podía dormir de nuevo, todo era seguro desde que las cápsulas los ahuyentaron. Pero ahora ya no las necesito, he decidido enfrentarlos, ahora soy lo bastante fuerte y hábil, será mejor que apure el paso, hoy no dudaré. Y ahí están de nuevo, tranquilos y torpes, masas repulsivas de nervios y tendones expulsando ese caldo de esencia fantasmal, mientras sus vulnerables y confiadas mentes no los previenen, son sus pulsaciones las que me guían al objetivo. La daga penetra justo donde respira el mal y un pequeño quejido alerta a su compañero “¿Que haces?”, pero ya es demasiado tarde, un certero movimiento ya no le permitirá hablar, ni reprocharme mañana. La cálida luz comienza a inundar la habitación y la oscuridad se acaba, esos malditos no volverán. No entiendo por qué se llevaron a mis padres, esto será difícil de explicar a la policía.

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