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No debería revisar, estoy segura de que es tarde.
Veo mi celular y son las seis, pero como suele des configurarse desconfío. “Son
las seis con tres minutos” me dice el sonriente hombre que ordena los libros
amontonados. Esta es la parte donde me pregunto
por qué avanza tan lento el minutero. En fin, haré tiempo un rato más: si la
vida se me pasa, al menos que sea mientras hago algo interesante.