Empiezan las guitarras y panderos…
Siento tú mirada en la nuca…
Me ofrece el brazo…
No sé por qué no sales de mi cabeza…
Aplauda, aplauda….
Nunca lo dijiste y yo siempre lo esperé…
Vuelta entera…
Ahora con cara inexpresiva me hablas de tu vida: excusas.
Coqueteo con el pañuelo, no se olvide…
El que habla es el miedo, el de perder a “la incondicional”, la que se aferra las torpes miradas de galán que alimentan lo más cruel que alberga la esperanza humana: amor no correspondido.
Vuelta en ocho…
Siento tu cuerpo cerca, sé que es amistad, pero mi corazón palpita como antes...
Media luna, uno, dos, tres…
Sé que tus abrazos, tus sonrisas, tus apretones de manos disfrazados de compañerismo no son más que pretextos para sentir como me hierve la sangre. Te fascina colorearme las mejillas con promesas dulces de algodones de azúcar insípido…
Vueeelta …
O te juzgo mal, quizás hay algo que yo no sé, pero culpa mía no ha sido. Más de una vez te lo dije, más de alguna vez te enfrenté como el grano de arena antes de resbalar entre la multitud de la playa que hace correr el tiempo, ese que se agota más rápido al saber que tus palabras caerán sobre mí, aplastando mis sesos. Aun así, la ridiculez no tiene límites y balbuceé lo que otros no son capaces de pronunciar…
Zapateo…zapatee
Desde ahora no quiero más cicuta en la boca, abrazos de sal ni rezos del diablo. Nunca fui buena para aparentar, sé que tú lo notas…
Última vueeelta…
Ahora es tu turno... revolotea así, cerquita de mis ojos para que pueda verte y cuidadito con la luz de la confianza que puede quebrarte las alas. Ya quiero dañarte con la ceguera de hielo a la que te he condenado, ¿ves que no soy tan perversa?…
No me ponga esa carita y mejor tómeme el brazo, mire este piecito ya ha terminado…
Aplausos.

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