Rendida se deja caer sobre las mantas y no revisa la alarma. Corrió todo el día, fue a donde tenía que ir, vio todo lo que quiso ver, hizo todos los favores y pintó todo lo que se le cruzó, sonrió a extraños, abrazó a conocidos y dejó a los amigos abrazarle los sentimientos. Ya caminando se dejó alcanzar por la lluvia y bajo el sol se calentó las manos. Le habló a sus plantas y al gato, leyó algunas cosas y trató de planificar otras. Pero en la noche, ya agotada, es cuando se deja alcanzar por él, aunque sea un segundo onírico, la alcanza. Arreglan el mundo y el que parecía suyo, lo no dicho y lo que no pasará. Entonces él se va a su vida y suena el despertador: debe levantarse, está atrasada.

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