En el fondo del cajón
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Saqué la libreta y me puse a escribir junto al botiquín. No pensé
que aún me quedara alguna punta para la pluma que me regalaste, menos que la
encontrara mientras buscaba el relicario de mi abuela. Metí la mano a la
cajonera y salió ensartada en mi dedo, así mismo como yo te sentía en el pecho
por aquel entonces. Como ya no está mi abuela para preocuparse, caminé lento en
busca de algún parche. En el botiquín me encontré con la receta para los anti
depresivos que nunca compré. Volví al cajón y encontré el parche, me lo puse y
antes de guardar todo encontré enrollado en el algodón el relicario. Me lo
colgué al cuello, busqué mi libreta y te escribí esta carta que, junto a la
receta de los antidepresivos, irá parar a la basura porque ya me aburrí de
buscar.
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